jueves, 15 de septiembre de 2011

Bendito Twitter.

Bendito Twitter. Acabo de ver un Tweet de Esteban Granero mencionando un pasaje de una de las grandes obras de la literatura universal: Las desventuras del Joven Werther de Johann Wolfgang von Goethe. Si amigos, no todos los futbolistas son unos niñatos como a veces la gente dice...

La obra (para el que no la conozca) trata sobre Werther, un joven adinerado de ciudad que decide evadirse de su entorno para irse a vivir a un pueblecillo rural. Allí conoce a una muchacha de la que se enamora, pero que está prometida con otro hombre. Werther cuenta su historia de manera epistolar a un amigo de la ciudad, al que escribe asiduamente. El resto de la obra tendréis que descubrirla por vosotros mismos, y os recomiendo que lo hagáis.

El caso es que tras leer el Tweet se me han venido a la mente numerosos momentos en los que esta obra ha estado presente en mi último curso escolar. Desde las clases de literatura universal hasta la Selectividad, no sin antes pasar por las horas de estudio en casa dedicadas al dichoso Werther. Pero sobre todo, se me vienen a la mente grandes momentos pasados en el zulo del departamento de lenguas. Porque, ¿Quién me iba a decir que esas clases serían así? ¿Quién se iba a imaginar que la amistad entre Gilgamesh y Enkidu tendría que ver con la de Torrente y el Cuco? ¿O que Pinocho 3000 fue escrita, dirigida y producida por montones de autores con nombres impronunciables? La primera vez que yo entré a esa clase, no había visto nunca un "Potoma!" y salí de allí habiendo visto incluso un "Potoma! con Parkinson". Durante esos 8 meses he sido un joven enclaustrado en una villa a las afueras de Florencia, Romeo, Fray Lorenzo, Teobaldo, Mercucio, Paris, la criada de Julieta, Werther, el amigo de Werther, Baudelaire, Gregor Samsa, Alexei Ivanovich o Holden Caufield entre otros. Pero sin duda lo que afloró en mayor número de ocasiones fue ese humor inteligente que caracteriza a 7 chavales encerrados en un aula minúscula con una profesora que les da libertad creativa. De ahí salieron chistes horribles, de los de meter en un cofre y tirarlos al mar, y lanzar la llave al contenedor más cercano. Pero sin duda, siempre será recordado aquél, único e irrepetible:

-¡Prado! ¿Te vienes con nosotros a la discoteca el día de la graduación? Si quieres le cambiamos el nombre de Paddock a Praddock para que estés como en casa.-

Jamás se volverá a oir en ese aula algo como eso, porque esos 14 alumnos (Contado al desaparecido en combate A.G.G.) y esa profesora no volverán a poner un pie en ella. Así que, queridos compañeros/as, amigos y amigas, suerte allá donde vayáis.

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