lunes, 7 de noviembre de 2011

CAOS III.

-¡Eres lento!

Las estocadas se sucedían. Una y otra vez intentaba alcanzar a su rival que, como si de un juego se tratara, se reía y bailaba por la sala haciendo danzar su larga capa negra al compás del sonido de un gramófono.

-¿No sabes hacer nada más...?

La saña con las que pronunciaba sus constantes burlas disminuyó de repente cuando observó de cerca la mirada de su adversario. El joven lleno de vida contra el que empezó la pelea había desaparecido. Ahora veía a un hombre con la mirada vacía y una media sonrisa lastimera, como la del reo que espera paciente en el patíbulo a que el verdugo acabe con su vida haciendo caer el hacha. Un chasqueo de lengua precedió a lo que parecía una condena a muerte:

-Pensaba que darías más juego, pero en fin...

Apenas había acabado de pronunciar estas palabras cuando lanzó una estocada al estómago de su adversario, que se tambaleó y cayó al suelo de rodillas...

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