domingo, 13 de noviembre de 2011

CAOS IV.

La sangre resbalaba por sus manos, con las que oprimía la herida que acababa de recibir. Miles de recuerdos y sensaciones se dieron lugar en su cabeza y una imagen muy nítida vino a su mente:

Ella. Ella y su largo cabello rizado. Ella y su divina figura. Ella y su brillante sonrisa. Ella y su idílica mirada. Ella y su mortal indiferencia...

Entonces se dio cuenta, quizás no merecía la pena resistir y seguir luchando. Aquello que amaba estaba fuera de su alcance. ¿Qué motivos habría pues, para continuar con vida?...

Un ruido sordo acompañó el movimiento con el que quedó tendido en el suelo y su sangre se extendió por el suelo. Una risa placentera y estridente envolvió la sala al momento...

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