jueves, 17 de noviembre de 2011

CAOS VI.

Y vió como su feroz enemigo empezaba a tornarse débil por momentos, a empequeñecer en su triste figura, a debilitarse con cada movimiento que hacía. Sus gestos de superioridad dejaron paso a un miedo atroz, palpable en su semblante.

Él, sin embargo, volvía sus movimientos más ágiles y poderosos al compás del ritmo que marcaba su confianza en si mismo. Se dio cuenta que para vencer debía creer, para triunfar no sólo en ese terrible combate, sino siempre, debía saber que era capaz de todo.

Y así fue como con dos rápidos movimientos acompasados de su cadera y su muñeca logró desarmar y ejecutar a su rival, que se había convertido en víctima. Un grito fantasmal y ensordecedor fueron la antesala de su victoria, una victoria que no hubiese sido posible sin la voz que le dio ánimos en todo momento. Sin aquella voz que le ayudó a salvar la vida cuando todo estaba perdido... esa voz...

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