miércoles, 23 de mayo de 2012

Nacidos para morir.

No dejo de pensar en esa frase. Todos hemos nacido sabiendo nuestro final. ¿Qué nos diferencia del resto entonces? Lo que viene en medio. Cuestión de actitud.

Piénsenlo. 

lunes, 21 de mayo de 2012

Tontos.

Hay tontos que tontos nacen, y hay tontos que tontos son.


Es lo único que me apetece escribir hoy.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Luchar.

"No he de rendirme aunque caiga al andar, no estaré vivo si he de huir"


Todos nos hemos sentido hundidos y sin rumbo. La vida se convierte en un kilométrico túnel del que parece no existir una salida. 

Cuánto más lejos parece que está, más cerca te encuentras de ella.

lunes, 14 de mayo de 2012

Justicia.

La verdad es que no suelo hacer esto. Sentarme y escribir. Sin guión, ni un concepto previo de lo que voy a escribir. Nada, no tengo absolutamente nada. Allá va:




Cuentan las leyendas, que en las lejanas tierras heladas de Seiland, los inviernos eran largos y crudos.
Los habitantes del páramo, debido a lo yermo de sus cultivos, se veían obligados a vivir de la poca pesca que les proporcionaba la costa y de la cría de distintos animales de ganado que, por su famélica condición, acababan muertos por deshidratación antes de la llegada del verano. Un verano inexistente, por otra parte, pues en Seiland apenas duraba unas semanas. El resto, frío y cruel invierno.

A pesar de ello los aldeanos vivían en paz, buscando la felicidad en esos pequeños detalles que merecen la pena de una existencia corta y terrenal. Los niños jugaban entre ellos a ser Odín, Thor, Heimdall o Balder, y reproducir las grandes batallas que les habían contado sobre sus dioses. Los hombres aprendían el arte de la pesca, la navegación, la caza y la guerra, sin descuidar sus obligaciones parentales y reuniéndose en las tabernas para debatir, beber y pelear. Las mujeres, tejedoras, sanadoras, y responsables de la educación y el cuidado de los niños, tampoco se quedaban atrás con respecto a los hombres, y si bien no descuidaban las arcanas artes que poseían las Valkyrias, también invertían gran tiempo en las tabernas. Una comunidad nórdica como cualquier otra, al fin y al cabo.

El tercer día del Mes de la Matanza, recién entrado el invierno, los cielos se cubrieron de nubes negras de tormenta. Los rezos y sacrificios a Frey durante el verano no parecían haber sido escuchados por el dios, ya que no pasaron ni otros dos días cuando una intensa nevada acabó con los árboles frutales silvestres de la zona y las pocas vacas que habían nacido un par de meses atrás. Los lagos se congelaban, los niños más débiles perecían, y los ancianos veían como la llamada de la madre tierra se hacía irrechazable y se rendían en sus lechos.

Seis días antes del comienzo del mes de Ylir, el anciano jefe Elvis, ante la desdicha sufrida por su pueblo, decidió recurrir a las arcanas y prohibidas artes de la magia negra. Invocó a un antiguo espíritu del bosque, con la intención de recuperar la felicidad y evitar que su pueblo pereciese en tan terribles condiciones. El espíritu,  de nombre Galder, dijo al anciano que su pueblo estaría a salvo si cada final de mes de Ylir le presentaba una ofrenda que él mismo pidiese cada año. Le dijo, además, que si no aceptaba el trato se iría y no volvería jamás, pero que si lo aceptaba y lo incumplía, lo pagaría con la desolación de la tierra de Seiland.

El anciano, obnubilado por la posibilidad de salvar el frío invierno y devolver la felicidad al pueblo, aceptó sin pensar en las posibles consecuencias y, durante los primeros años, Galder estuvo contento con las ofrendas. Los lobos no se acercaban al pueblo, el clima no los hostigaba, e incluso se podían permitir el lujo de cultivar y recoger su siembra. El anciano y el espíritu sólo se veían una vez a lo largo del año lunar, y era suficiente para entregar las ofrendas y escuchar las que Elvis debería llevar el año siguiente. Sin embargo, el quinto año desde la aparición de Galder, se produciría un hecho que conmocionaría a todos. Las ofrendas nunca habían pasado de oro, vino, peces, algo de trigo de la cosecha, y algún que otro animal, pero jamás lo que había pedido ese año.

-"Pueblo de Seiland: yo, Elvis, en nombre del espíritu del bosque Galder, os solicito el pago de todos los niños, hembras y varones, de menos de diez años de edad a nuestro protector. Asimismo, quiere que os recuerde que violar el pacto contraído significará un terrible final para el pueblo de Seiland."

La consternación de la multitud se hizo notar con los llantos desesperados de las madres, y los gritos de la multitud ensordecieron el ambiente.

-¿Por qué debemos pagar un trato que tú hiciste sin consultarnos?-


-Amigos, hermanos, yo decidí hacer el trato por el bien de todos, y durante estos cinco años ha merecido la pena. ¿Qué son unos niños comparados a la felicidad del resto del pueblo?-

-¿Y por que no te sacrificamos a tí, para que el espíritu calme su ira y pagues por tus pecados?-

Al unísono, la multitud se puso de acuerdo para capturar al anciano y llevarlo ante el espíritu del bosque donde sería entregado como ofrenda. Una vez en el bosque, lentamente, el espíritu se fue personificando hasta adquirir la apariencia de Loki, dios del engaño:


-Vosotros, tristes humanos, ¿Pensábais engañar a Frey, dios del sol y la lluvia, y al propio Odín, dios de la muerte y rey de los dioses?, ¿Creíais que vuestros trucos de hechicería podrían deshacer lo que los dioses han hecho?, ¿De verdad teníais esperanza en que un anciano pudiera desafiar a los dioses y derogar sus leyes sagradas? El mundo está hecho de esta manera, porque nosotros así lo hemos querido. Desde Asgard, Heimdall ve cada uno de vuestros movimientos, y Odín, padre de todos, los juzga. Me envió aquí para castigar vuestra insolencia, y ésta será pagada con la muerte. 


La tierra de Seiland, sin tiempo para ser llorada, fue arrasada por Fenrir, Jormundgander y Hela, los hijos-bestia de Loki. La aldea desapareció por una mala decisión de su gobernante, que rechazó a los dioses para abrazarse a las culturas prohibidas.

Su pueblo, asesinado fue sin ser considerada su voz. 

La leyenda cuenta que en las playas de Seiland, el tercer día del Mes de la Matanza, se aparecen los espíritus del pueblo, que obran en procesión por su orilla buscando el perdón de los dioses por un delito que jamás cometieron...

miércoles, 9 de mayo de 2012

Días.

Al son de una gran composición. Así es como deberían urdirse todos los grandes planes. 

No puede haber un día tan malo como hoy, ni de lejos. Es uno de esos días en los que no sabes ni porque te levantas. Un día de esos en los que la Ley de Murphy se cumple en todas las extensiones. 

Pero una buena pieza de ese arte musical tan poco apreciado puede ayudarte a encontrar la calma y la estabilidad que necesitas.


Pese a ello, es un día de mierda.
Estoy de vuelta. Tras un mes y pico desaparecido, pretendo volver y comprometerme a actualizar cada semana. Los domingos procuraré subir alguna entrada.

Ciao!