lunes, 30 de julio de 2012

Desesperación I

Hacía frío. Ya no oía la desesperada llamada de sus padres, ni el vaivén de la enfermera con los utensilios. Apenas distinguía una sombra de lo que antes fue un médico, y una luz borrosa de lo que era una lámpara. ¿La luz al final del túnel?

Parpadeó, y al abrir los ojos se encontró en un palacio. La sala principal estaba custodiada por leones esculpidos en hielo con fiero semblante. Caminó despacio entre ellos, y cuando pisó el primer escalón que ascendía hacia el trono, se le apareció él.

- ¿Qué haces aquí?


+ Me voy, ya no tengo fuerzas para seguir viviendo.


- ¿NO TE HE ENSEÑADO NADA? - Su voz retumbó en toda la sala - Te hiciste fuerte conmigo, luchaste por los demás sin descanso, luchaste contra tí mismo y tus demonios y venciste, has huido de la muerte y arriesgado todo lo que tienes para... ¿para perderlo aquí y así?...


El semblante del chico cambió. Su maestro y mentor, el hombre al que debía lo que era e idolatraba por encima de dioses y religiones, asesinado años atrás, estaba delante suya. Y se avergonzaba de él.

Una lágrima rodó por su mejilla.

+ N...n...no. 


- ¿Vas a dejar que te venza sin luchar?


+ No...


- Tienes una finalidad, unos sueños y unas metas. Y te enseñé a luchar por ellos. ¿Creías que te los iban a regalar?

Entonces lo entendió. Él camino iba a seguir siendo duro. Pero se tendría que imponer para terminarlo. No sabía cuándo, pero el día que terminara lo importante sería cómo lo había recorrido: Si luchando, o dejándose arrastrar.

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