lunes, 20 de agosto de 2012

Baila.

Bailan. Danzan a mi alrededor. Es un baile precioso, una sinfonía de acordes y movimientos que se prolonga por toda la habitación. Yo, en el centro. Embelesado, observando tal gráciles pasos y bebiendo de las notas del violín, recordando que algún día fui parte de todo ello. Ahora sobro, siento como nada me pertenece. Torpemente intento reproducir los movimientos que antaño dibujaban mis pies como si el suelo fuera un lienzo. Ya no distingo el compás, y si intento taconear parezco un mono tocando unos bongos.


Estoy fuera de lo que una vez fue mi mundo. Y ahora, ¿Qué?


Recuperemos el tiempo perdido, volvamos a bailar.



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