miércoles, 24 de octubre de 2012

Ambición.

Esta mañana, como tantas otras, mi profesor de Teoría de la Comunicación nos ha dado una charla sobre la vida del periodista. En ella, ha vuelto a decir que tendremos que sacrificar nuestras vidas por la profesión. Para decir verdad, lo ha puesto todo bastante negro.

Mis compañeros, en su gran mayoría, se han frustrado o asustado. Se han desmotivado. Yo no.


Desde pequeño, siempre lo he tenido claro. Cuando me preguntaban que es lo que quería ser de mayor, yo contestaba "Periodista". Y empezó como un capricho: me gustaba escribir y el deporte, y esa era la profesión que más encajaba con mis gustos. Más tarde, empecé a comprender qué es el Periodismo.
Me enamoré. Me enamoré de la verdad, de investigar, de saber y realizar. Me fascinó el llegar a lugares donde no había llegado nadie, saber cosas que los demás desconocían. Comprendí el poder de la palabra, el poder del saber y el arte de callar. Quise y soñé. Quise meterme en todos los sitios posibles para enterarme de como funcionaba todo y soñé llegar el primero a todas partes.

Mi meta no es una familia que me quiera ni hacer que alguien se sienta orgulloso de mí. Mi meta consiste en viajar, conocer, comprender, aprender, soñar y saber. Mi meta es que llegue un día, en que satisfecho y envejecido, pueda contar a un grupo de estudiantes como lo soy yo ahora, que estuve en el lugar exacto en el momento exacto y no dejé pasar la oportunidad de realizar mis sueños.

Y para cumplir mis sueños, agotaré hasta mi último aliento, o me extinguiré en el camino.
Si no, ¿Qué sentido tiene esta vida?

No hay comentarios:

Publicar un comentario