lunes, 5 de noviembre de 2012

Luis

Tengo muchos puñales clavados en el alma. Algunos que duele recordar, otros tan profundos que han pasado a formar parte de mi esencia. Hay de los que me clavé, y de los que me clavaron. De los que nací con ellos, y de los que recibí hace poco.

Pero hay una persona en este mundo por la que merece la pena que me lleve todos los que hagan falta. Que me perdonen los demás, pero es mi debilidad.

No deja de sorprenderme. Aprende rapidísimo. Es ingenioso, listo y hábil. Posee un gusto estupendo (eso lo digo yo, porque es parecido al mío). Tiene un corazón enorme, es solidario y compañero.
Es, como todo niño, un diamante que hay que pulir. Sin embargo, tiene un brillo especial.

He intentado enseñarle todo lo que se, y veo como poco a poco me supera. Pero lejos de envidiarlo, me enorgullezco de él. Será un grande y cumplirá sus sueños. Será mucho más de lo que yo puedo soñar ser.

Por ti, hermano, sacrificaría mis ilusiones y mis sueños. Por ti, Luis, porque eres lo más grande que tengo en esta vida, y uno de los mayores motivos por los que me levanto a pelearme con la vida cada día.

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