domingo, 18 de noviembre de 2012

Que sea doble

El sonido de los hielos crujir al entrar en contacto con su medicina se unieron al crepitar del fuego en el interior de la chimenea. Ese amarillento brebaje capaz de curar todas las heridas de su alma llenaba el vaso con parsimonia. Lo acercó a sus labios. Y bebió. Bebió para sanar, bebió para olvidar, y bebió para encontrar. Buscaba respuestas y explicaciones, pero solo conseguía que se le olvidaran las preguntas.

Lo intentaba cada noche. Cuando llegaba a casa se sumergía en el elixir que le consumía y le daba esperanza a partes iguales. Olvidaba y recordaba al beber, desesperaba y esperaba, moría y vivía... y todo, porque alguien le dijo que la respuesta se encontraba en el fondo de ese vaso.

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