lunes, 21 de enero de 2013

Hastío

De sueños e ilusiones se alimenta el espíritu. Y cuando estos faltan, los corazones se corroen, espinan y secan.

Vacío de amor, ambición y lleno de locura, el alma de un hombre vagaba sin rumbo durante las frías noches de octubre. Mil ideas cada día nublaban su mente, añorando el tiempo en que una vez conoció la felicidad. Más allá del dolor profundo que le provocaba la existencia, no encontraba regocijo en ninguna de las acciones que realizaba. Se limitaba a andar sin apartar la vista del horizonte mientras se preguntaba una y otra vez si tan mal lo hizo en vida como para llevar tremenda carga en su interior.

Un día, el olor a azufre inundó sus fosas nasales. El mismo Hades se apareció ante él proponiéndole redimir todos sus pecados. A cambio de dejar de sentir, Caronte debía llevar las almas de los fallecidos de una orilla a otra del río Aqueronte, para que Hades pudiera consumirlas en el inframundo. El hombre, hastiado y dolorido, vio en el dios la posibilidad de escapar.

Desde ese día, lo que queda de lo que una vez fue un hombre vigoroso, querido y feliz, empuja una barca maldita pagando unos pecados que solo él creyó cometer, pero que nunca fueron cometidos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario