miércoles, 4 de septiembre de 2013

Capítulo 1: La Ley 34-2015.

El General Rott bajó por la empinada escalera de caracol que conectaba el palacio con "La Mazmorra". Doscientos veintitrés escalones separaban la superficie de la mayor prisión subterránea de Europa. Abrió el portón principal pasando por el escáner el microchip que tenía instalado en el brazo.

- Buenos días General, le esperan en la sala 214 del sector B.

Recogió la llave y el informe de las manos del soldado que vigilaba la puerta y se dirigió a su objetivo. Tardó veinte minutos en llegar andando hasta el sector B, y otros cinco en encontrar la sala 214. A Tobías Rott nunca le habían gustado las facilidades mecánicas que daba el complejo para el transporte, decía que convertía a los soldados en vagos y que así, perderían la disciplina.

Abrió la puerta de la sala, y se puso frente al reo. En una esquina, lo esperaba y observaba otro soldado:

- Lo encontramos en las alcantarillas, señor, gracias al sonido de un disparo.

Con las manos atadas y la cara cubierta por un saco, tenía signos evidentes de haber sufrido varios golpes. La ropa, sucia y harapienta, apestaba a humedad y basura. Abrió el informe, y sonrió.

- Así que un infractor de la Ley 34-2015. Nos lo vamos a pasar bien.

Cerró el portón de seguridad y apagó las cámaras. Pronto, unos gritos desgarradores inundarían la sala de interrogatorios 214, del sector B.

Capítulo 0: La Huida.

La humedad de la alcantarilla intensificaba el olor a podredumbre y desechos. Un chasquido precedió a un chispazo, y éste al fuego intenso de una bengala. El rojo tiñó las paredes del subsuelo de un cobrizo fantasmagórico. Avanzó entre las turbias aguas, aguantando la fuente de luz con la mano izquierda. En la derecha, una pistola con cuatro balas.

Conforme andaba, el túnel se iba haciendo más estrecho. Le costaba respirar, y el nauseabundo olor no acompañaba. De pronto, un ruido. El corazón se le aceleró y disparó sin pensarlo. Una bala menos, un tiro errado y una falsa alarma. Se maldijo a si mismo por su insensatez, e intentó recuperar el ritmo cardíaco.

No lo consiguió. Una sirena se disparó en la oscuridad y su mente se llenó de oscuras pesadillas.

jueves, 21 de marzo de 2013

El principio del fin.

Los que hayáis jugado al póker sabréis cual es la sensación.

Cuando estás a punto de perderlo todo, y haces un "all-in". Sabes que puedes perder para siempre, o ganar mucho más de lo que tenías. Esa sensación.

Pues bien, a mi me ha tocado perder.


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A parte, cierro esto. No se si es falta de ganas, tiempo, inspiración o todas juntas, pero no estoy cumpliendo con lo que iba a ser este blog así que prefiero dejarlo.

Posiblemente siga diciendo idioteces en Twitter, y próximamente cree un wordpress (tengo que hacerlo para la Facultad), así que no me perderé del todo.

Esto quedará abierto, pero no volverá a ser actualizado (o sí).

En fin, ha sido un placer.

lunes, 21 de enero de 2013

Hastío

De sueños e ilusiones se alimenta el espíritu. Y cuando estos faltan, los corazones se corroen, espinan y secan.

Vacío de amor, ambición y lleno de locura, el alma de un hombre vagaba sin rumbo durante las frías noches de octubre. Mil ideas cada día nublaban su mente, añorando el tiempo en que una vez conoció la felicidad. Más allá del dolor profundo que le provocaba la existencia, no encontraba regocijo en ninguna de las acciones que realizaba. Se limitaba a andar sin apartar la vista del horizonte mientras se preguntaba una y otra vez si tan mal lo hizo en vida como para llevar tremenda carga en su interior.

Un día, el olor a azufre inundó sus fosas nasales. El mismo Hades se apareció ante él proponiéndole redimir todos sus pecados. A cambio de dejar de sentir, Caronte debía llevar las almas de los fallecidos de una orilla a otra del río Aqueronte, para que Hades pudiera consumirlas en el inframundo. El hombre, hastiado y dolorido, vio en el dios la posibilidad de escapar.

Desde ese día, lo que queda de lo que una vez fue un hombre vigoroso, querido y feliz, empuja una barca maldita pagando unos pecados que solo él creyó cometer, pero que nunca fueron cometidos.

martes, 15 de enero de 2013

Te necesito (2010)

Volver a sentir la sangre correr por las venas, sentir la respiración acompasada, sentir el balón en tus pies, sentir la satisfacción de un gol a favor, o la rabia de un gol en contra, ver la sonrisa de agradecimiento de tu compañero después de haberle dado ese pase imposible, caer al suelo en una lucha y levantarse ignorando el dolor para recuperar tu sitio en el campo, oir un balón estrellándose contra el poste, o el silbido de su caricia en la red, volver a ver el balón rodar... es lo que me da la vida.


Después de aquella lesión, ya no le tengo miedo ni a esta ni a ninguna otra. Disfrutaré de lo que más me gusta, y nadie podrá impedírmelo.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Los Miserables

Se dejó caer en la silla de su despacho. Tras de él, Treinta largos años en el cuerpo, los doce últimos en los despachos. Dejó la carta de despedida sobre la mesa, y abrió el primer cajón del escritorio.

De él sacó una foto. Dos jóvenes, de unos trece años, posaban disfrazados de policías el día de Halloween. A la izquierda un chico rubio, alto y fornido. A la derecha se reconoció como el chaval moreno, algo más bajo que su amigo y visiblemente más delgado. Recordó como pasaron su infancia capturando malvados. "Alto en nombre de la ley" gritaban mientras rodaban por el césped y se escondían tras los árboles, apuntando con sus pistolas de madera.

No quedaba nada. La muerte de su madre y el abandono de su padre marcaron su madurez. Se alistó en el ejercito de los EE.UU., y fue enviado a Vietnam donde fue capturado y torturado. Volvió lleno de cicatrices físicas y emocionales, y con el cadáver de su amigo de la infancia envuelto en la bandera de su país.

Sus ilusiones y sueños, enterrados. El afán de superación y la responsabilidad por el bien se esfumaron. Se aficionó al Whisky, a las apuestas y a las putas. Fue ascendido, y se le fue concedido un despacho Camp Pendleton donde pasar las horas muertas de una triste vida. Cada fin de semana se desplazaba a Los Ángeles, para gastar todo su dinero en emborracharse y endeudarse. Tuvo problemas con los corredores de apuestas, teniendo que saldar deudas con sangre. No conoció cariño alguno, ni conoció otro amor que no fuera pagando. Vivió solo, y sabía que moriría solo.

Las lágrimas mojaron el amarillento papel que contenía la imagen. ¿En que momento perdió su vida?, ¿Donde quedó aquel niño que atrapaba criminales imaginarios y soñaba con la gloria?
No pudo soportar la culpa. Le torturaba saber que aquel niño de la foto ya no existía.
Agarró la pistola y se la llevó a la boca. Nadie lo iba a echar de menos.

El percutor sonó, martilleando la base de la bala. Y con el sonido del disparo murió por segunda vez.




"La vida llena el cielo de ángeles, mientras quedan en la tierra cada vez más miserables."

domingo, 18 de noviembre de 2012

Que sea doble

El sonido de los hielos crujir al entrar en contacto con su medicina se unieron al crepitar del fuego en el interior de la chimenea. Ese amarillento brebaje capaz de curar todas las heridas de su alma llenaba el vaso con parsimonia. Lo acercó a sus labios. Y bebió. Bebió para sanar, bebió para olvidar, y bebió para encontrar. Buscaba respuestas y explicaciones, pero solo conseguía que se le olvidaran las preguntas.

Lo intentaba cada noche. Cuando llegaba a casa se sumergía en el elixir que le consumía y le daba esperanza a partes iguales. Olvidaba y recordaba al beber, desesperaba y esperaba, moría y vivía... y todo, porque alguien le dijo que la respuesta se encontraba en el fondo de ese vaso.