domingo, 25 de noviembre de 2012

Los Miserables

Se dejó caer en la silla de su despacho. Tras de él, Treinta largos años en el cuerpo, los doce últimos en los despachos. Dejó la carta de despedida sobre la mesa, y abrió el primer cajón del escritorio.

De él sacó una foto. Dos jóvenes, de unos trece años, posaban disfrazados de policías el día de Halloween. A la izquierda un chico rubio, alto y fornido. A la derecha se reconoció como el chaval moreno, algo más bajo que su amigo y visiblemente más delgado. Recordó como pasaron su infancia capturando malvados. "Alto en nombre de la ley" gritaban mientras rodaban por el césped y se escondían tras los árboles, apuntando con sus pistolas de madera.

No quedaba nada. La muerte de su madre y el abandono de su padre marcaron su madurez. Se alistó en el ejercito de los EE.UU., y fue enviado a Vietnam donde fue capturado y torturado. Volvió lleno de cicatrices físicas y emocionales, y con el cadáver de su amigo de la infancia envuelto en la bandera de su país.

Sus ilusiones y sueños, enterrados. El afán de superación y la responsabilidad por el bien se esfumaron. Se aficionó al Whisky, a las apuestas y a las putas. Fue ascendido, y se le fue concedido un despacho Camp Pendleton donde pasar las horas muertas de una triste vida. Cada fin de semana se desplazaba a Los Ángeles, para gastar todo su dinero en emborracharse y endeudarse. Tuvo problemas con los corredores de apuestas, teniendo que saldar deudas con sangre. No conoció cariño alguno, ni conoció otro amor que no fuera pagando. Vivió solo, y sabía que moriría solo.

Las lágrimas mojaron el amarillento papel que contenía la imagen. ¿En que momento perdió su vida?, ¿Donde quedó aquel niño que atrapaba criminales imaginarios y soñaba con la gloria?
No pudo soportar la culpa. Le torturaba saber que aquel niño de la foto ya no existía.
Agarró la pistola y se la llevó a la boca. Nadie lo iba a echar de menos.

El percutor sonó, martilleando la base de la bala. Y con el sonido del disparo murió por segunda vez.




"La vida llena el cielo de ángeles, mientras quedan en la tierra cada vez más miserables."

domingo, 18 de noviembre de 2012

Que sea doble

El sonido de los hielos crujir al entrar en contacto con su medicina se unieron al crepitar del fuego en el interior de la chimenea. Ese amarillento brebaje capaz de curar todas las heridas de su alma llenaba el vaso con parsimonia. Lo acercó a sus labios. Y bebió. Bebió para sanar, bebió para olvidar, y bebió para encontrar. Buscaba respuestas y explicaciones, pero solo conseguía que se le olvidaran las preguntas.

Lo intentaba cada noche. Cuando llegaba a casa se sumergía en el elixir que le consumía y le daba esperanza a partes iguales. Olvidaba y recordaba al beber, desesperaba y esperaba, moría y vivía... y todo, porque alguien le dijo que la respuesta se encontraba en el fondo de ese vaso.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Hazlo

Piensa que siempre que tocas el fondo, has encontrado el punto en el que impulsarte de nuevo a la superficie del lago.

Adelante.

Luis

Tengo muchos puñales clavados en el alma. Algunos que duele recordar, otros tan profundos que han pasado a formar parte de mi esencia. Hay de los que me clavé, y de los que me clavaron. De los que nací con ellos, y de los que recibí hace poco.

Pero hay una persona en este mundo por la que merece la pena que me lleve todos los que hagan falta. Que me perdonen los demás, pero es mi debilidad.

No deja de sorprenderme. Aprende rapidísimo. Es ingenioso, listo y hábil. Posee un gusto estupendo (eso lo digo yo, porque es parecido al mío). Tiene un corazón enorme, es solidario y compañero.
Es, como todo niño, un diamante que hay que pulir. Sin embargo, tiene un brillo especial.

He intentado enseñarle todo lo que se, y veo como poco a poco me supera. Pero lejos de envidiarlo, me enorgullezco de él. Será un grande y cumplirá sus sueños. Será mucho más de lo que yo puedo soñar ser.

Por ti, hermano, sacrificaría mis ilusiones y mis sueños. Por ti, Luis, porque eres lo más grande que tengo en esta vida, y uno de los mayores motivos por los que me levanto a pelearme con la vida cada día.